Comparten metodologías para buscar la paz y la justicia
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Comparten metodologías para buscar la paz y la justicia
Durante la segunda jornada del Diálogo Nacional por la Paz se pusieron en común algunas metodologías que buscan avanzar en la construcción de paz desde el trabajo de la policía municipal, la defensa de los derechos humanos, la iniciativa privada y el trabajo colaborativo con las autoridades.
Édgar Velasco
Una de las frases más conocidas de Mahatma Gandhi afirma que “no hay camino hacia la paz, la paz es el camino”. Para Pável Vallejo, el detalle de la frase es que “cuando nos hablaron de que la paz es el camino, algunos despistados como yo no entendimos que era cuesta arriba y que ese camino era en terracería, que tenía muchas disyuntivas, muchos recovecos y que ese proceso, además, no tenía ningún atajo”. Si bien el camino hacia la paz no tiene atajos, sí hay rutas que diferentes actores han recorrido desde diferentes frentes, como se pudo constatar en el foro “Metodologías para la paz y la justicia”, que se realizó durante el día dos de actividades del Segundo Diálogo Nacional por la Paz en el ITESO.
Uno de los objetivos generales del encuentro es conocer y compartir diferentes proyectos que, en distintos puntos del país, trabajan en la construcción de paz, con la intención de que pueda generarse un intercambio y replicar aquellos que puedan adaptarse a las distintas realidades del territorio nacional. René Carrera, quien moderó la charla, explicó que desde el surgimiento del Diálogo Nacional por la Paz se han “desarrollado, visibilizado y sistematizado distintas metodologías a partir de la Agenda Nacional para la Paz. Este panel busca compartir algunas de estas experiencias, con el objetivo de que nos presenten metodologías que buscan responder a distintas problemáticas sociales”.
El primer participante fue Víctor Manuel Orona, director de Seguridad Pública Municipal de Meoqui, Chihuahua, quien comenzó compartiendo que por el año 2010 el municipio enfrentaba dos crisis: la primera, por los altos índices de violencia a causa del crimen organizado, y la segunda, por el distanciamiento entre la policía municipal y la sociedad civil, que alcanzó su punto más álgido cuando en 2021, luego de una persecución a un grupo de jóvenes, los policías municipales mataron a uno de los muchachos. Con la llegada de la alcaldesa Miriam Soto Ornelas se comenzó a cambiar la situación a partir de la firma del Convenio de Paz y Seguridad “para trabajar de la mano con la comunidad”. En la administración, compartió Orona, se han implementado medidas como la creación de grupos de WhatsApp con atención las 24 horas, la implementación de Círculos Restaurativos con la sociedad y del programa Policías por la Paz, que busca dignificar las condiciones laborales de los elementos policiacos. El impacto ha sido grande: hoy Meoqui es considerado uno de los municipios más seguros del estado, gracias al trabajo de la policía con la sociedad. “La mejor radiografía de un municipio siempre la van a tener la policía municipal y la comunidad de las colonias”, dijo Víctor Orona, y añadió que “hay que hacer lo que podamos para seguir construyendo la paz, no podemos quedarnos con los brazos cruzados”.
Rafael Ibarra, de Empresas por la Paz, arrancó compartiendo una anécdota: el 17 de octubre de 2019, el día del llamado “Culiacanazo”, su hermana le llamó porque no podía localizar a su hijo mayor. Luego de muchos intentos y en medio de la desesperación, lograron hacer contacto con el joven, quien les compartió que cuando comenzó la balacera se refugió en una tienda de conveniencia. “Ese Oxxo le salvó la vida”, compartió Ibarra, para luego agregar que “esa unidad de negocio se constituyó como un espacio pacífico”. De ahí surgió la idea de crear un reconocimiento para las empresas, principalmente micro, pequeñas y medianas, que se constituyen como espacios pacíficos y seguros para su comunidad y para quienes trabajan en ellas. “Las empresas casi siempre se articulan por su tamaño o su sector, pero no consideran su realidad territorial. Lo que queremos desde Empresas por la Paz es generar esta articulación intersectorial y territorial. Es necesario incidir en la colonia, el municipio y el estado”, dijo Ibarra, para quien así como hay un mundo de sellos y certificaciones empresariales, también es importante “reconocer, como dijo el papa Francisco, a los hacedores artesanales de la paz. En la medida en que podemos estar vinculándonos, podemos ganarle el espacio a la delincuencia. No queremos centros de reclutamiento forzado con falsas promesas de trabajo para la juventud, sino contar con espacios de desarrollo humano. No queremos un rancho Izaguirre más”, agregó Ibarra, y concluyó su intervención diciendo que “la paz no sólo es sustentable, también es rentable”.
La siguiente participación estuvo a cargo de María Luisa Aguilar, directora del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh), quien comenzó agradeciendo al ITESO por albergar la segunda edición del Diálogo Nacional por la Paz. Ella expuso que hay una “crisis de derechos humanos asociada a una serie de violencias generalizadas, no es un conflicto armado sino una amenaza de la delincuencia organizada y la gobernanza criminal; hay una negligencia del Estado hacia las víctimas con un proyecto político con mucha popularidad pero que no puede garantizar derechos y, por el contrario, no les da una respuesta a las víctimas de esas violencias”. Aguilar dijo que desde el Prodh buscan hacer una defensa de los derechos humanos centrada en el acceso a la justicia porque “no podemos entender la paz sin justicia”. Durante su intervención compartió algunos de los casos que han acompañado y dijo que, si bien la sociedad civil tiene una voz, también tiene “la obligación de que esa voz sea de denuncia, de articulación a nivel nacional, con un pie en la realidad para poder entender cuáles son las respuestas que se tienen que realizar”.
Cerró la charla Pável Vallejo, de los Consejos de Paz y Justicia Cívica, quien comenzó hablando de la paz como un camino que se ha venido recorriendo en colectivo desde la creación del Diálogo Nacional por la Paz. Desde el nacimiento del movimiento, expresó, “muchos de los aprendizajes y las reflexiones han surgido de recorrer en conjunto senderos complejos. Esto nos ha dejado reflexiones muy fuertes y, sobre todo, más preguntas que respuestas, y muchas de esas preguntas no tienen respuestas: son preguntas difíciles, casi imposibles, y para mí las más complejas son aquellas que no tienen respuesta correcta, sino que dependen mucho de quién las dice, desde dónde, del contexto”. Muchas de esas preguntas, dijo Vallejo, se han compartido en el diálogo, en el que se han podido conocer muchas perspectivas. Compartió que en la búsqueda de respuestas “tuvimos la misión de crear algo que fuera un espacio que llamamos Consejo de Paz y Justicia Cívica”, iniciativa que llegó hasta una dirección de la Secretaría de Gobernación. Eso es relevante porque, expuso, “como diálogo es parte de nuestro deber que la política pública pueda reflejar los principios que estamos defendiendo, como son la diversidad de las voces, la corresponsabilidad diferenciada, la transparencia y la rendición de cuentas”.¿
En una ronda final de participaciones breves, la y los participantes reiteraron la importancia del trabajo colaborativo entre las policías municipales y la comunidad; de que sea la voz de las víctimas de violaciones de derechos humanos quienes guíen el camino y a la autocrítica permanente al interior del Diálogo Nacional de la Paz.
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Justicia y Construcción de Paz